María de Zayas, un alma cercana

Es junto a sor Juana Inés de la Cruz, Ana Caro de Mallén, y Catalina Erauso, una de las grandes escritoras del barroco español. Sus novelas, leídas y reconocidas desaparecieron de la historiografía, de las reimpresiones y de los estudios literarios producto de persecución moral de la Inquisición en el siglo XVIII.

                                                                                                                               “Porque las almas no son hombre ni mujeres,

                                                                                                                                    ¿qué razón hay para que ellos sean sabios

                                                                                                                                                       y nosotras no podamos serlo?”

 

Una lectora de Miguel de Cervantes y de Giovanni Boccaccio. Una escritora de poesía y narraciones breves caracterizadas por temas universales vistos con profunda humanidad y sentido crítico. María de Zayas y Sotomayor (1590-1661) es hoy un descubrimiento dentro del barroco español, sobre todo para los jóvenes lectores latinoamericanos.

Llamada la Sibila de Madrid y perteneciente a una nobleza de corte, Zayas es una escritora de la que hay mucho por conocer. Si bien hay detalles de su vida que se ignoran, condición que articula más de una hipótesis, no hay duda de que su literatura trajo nuevos aires para las mujeres en la producción cultural hispanohablante.

En 1637 publicó Las novelas amorosas y ejemplares y, diez años después la segunda entrega titulada, Desengaños amorosos o Parte segunda del sarao y entretenimiento honesto; obras que la hicieron merecedora de un amplio reconocimiento.

Sus mujeres son personajes con deseos cotidianos, existencias complejas, y profundos razonamientos ante al mundo. Una realidad ficcional en que las contradicciones están presentes y donde el conflicto no busca resolución, sino el reconocer el permanente claroscuro.

Amar el día, aborrecer el día,

llamar la noche y despreciarla luego,

temer el fuego y acercarse al fuego,

tener a un tiempo pena y alegría.

Estar juntos valor y cobardía,

El desprecio cruel y el blando ruego,

tener valiente entendimiento ciego,

atada la razón, libre osadía.

Buscar lugar en qué aliviar los males

y no querer del mal hacer mudanza

desear sin saber qué se desea.

Tener el gusto y el disgusto iguales,

y todo el bien librado en la esperanza,

si aquesto no es amor, no sé qué sea.

Es junto a sor Juana Inés de la Cruz, Ana Caro de Mallén, y Catalina Erauso, una de las grandes escritoras del barroco español. Sus novelas, leídas y reconocidas desaparecieron de la historiografía, de las reimpresiones y de los estudios literarios producto de persecución moral de la Inquisición en el siglo XVIII. Su obra se recupera gracias a la intelectual Emilia Pardo Bazán, feminista, activista y prolífica escritora; pero no será hasta fines del siglo XX en que su nombre entra en los estudios literarios y es integrado a ejes de la literatura mundial.

María de Zayas compartió España con Cervantes, Quevedo, Calderón, Tirso de Molina, Lope de Vega; quien dijo de ella: “Los espinos pangeos/ aprisa desnudad, y de las rosas/ tejed ricas guirnaldas y trofeos /a la inmortal doña María de Zayas”. Entonces, ¿cómo una escritora alabada, entre otros, por el autor de Fuenteovejuna (1619) pasó a ser una desconocida de las letras españolas? Zayas fue una feminista premoderna, una verdadera promotora de la formación de las mujeres y de su labor intelectual como literatas y escritoras.

“Una soy y una sola me siento /Vengan a mí quienes quieran sumar y / no galanes que dividan en medio o en tercios. / No nací para volverme diminuta / antes quienes humillan a nuestro sexo”.

Sus cuentos, versos y obras teatrales incomodaron a la sociedad española por el tono desenfadado y la denuncia de los vicios masculinos. Recriminó los matrimonios arreglados, las infidelidades, los abusos de género, las hipocresías del honor y las relaciones amorosas arregladas. Incorporó la amistad, los vínculos sexoafectivos entre las mujeres y la indiferenciación entre las almas femeninas y masculinas.

Me conocéis por lo escrito, mas no por la vista

Entre las actuales investigaciones sobre la obra de María de Zayas, se encuentra Rosa Navarro, escritora española que sostiene que la Sibila de Madrid fue un heterónimo o ficción literaria, proyectada por el escritor Alonso Castillo Solórzano, amigo y contertulio de Lope de Vega. La académica se basa en pistas textuales, paratextuales y testimonios de época que sugieren una identidad ambigua en Zayas. Propone que la supuesta autora introduce equívocos sobre su existencia, incongruencias en la autodefensa feminista del texto, y el uso de expresiones que indican que, quien escribe, no se identifica como mujer. El poeta Francesc Fontanella (1610-1680) la describió como doña con “cara varonil que filaba bigotes y ocultaba una espada bajo las sayas”. A esto se añade que los censores de obra hablan del “autor” en sus prólogos e introducciones, para luego terminar llamándola “una hija ilustre de Madrid”.  Navarro interpreta estos datos no como escarnio, sino como revelación: tras Zayas habría un hombre. Los documentos oficiales de nacimiento, defunción y testamento son confusos. No hay seguridad de su existencia.

¿Es Zayas una mujer real que propuso un juego deliberado? ¿Es una lectura artificiosa que desacredita su obra y su efecto? Desde otro lugar, ¿por qué un literato quisiera un alter ego femenino? Si se acepta que María de Zayas no existió, ¿se pierde o mantiene el valor feminista de sus obras? ¿En qué medida la atribución masculina o femenina condiciona la recepción crítica de sus textos?

¿Por qué podría un escritor del siglo XVII optar por publicar con nombre de mujer? ¿Qué efectos tiene que la autoridad textual femenina pueda ser considerada fingida? Primero, existen riesgos en abordar obras del pasado buscando autenticidad biográfica en lugar de analizarlas como prácticas literarias y, segundo, la perspectiva actual de estudio (feminista, histórica, crítica, otras) determinará la manera en que interpretamos estas preguntas.

Desde la pintora italiana Artemisia Gentileschi a las académicas y diseñadoras de la Bauhaus, la desaparición de sus obras, el silencio de la recepción, o el robo de la autoría son materias de investigación en curso. Margaret Keane, Camille Claudel o Zelda Fitzgerald son sólo algunos ejemplos de usurpaciones, apropiaciones o “colaboraciones” de la larga lista de precursoras olvidadas. Por ejemplo, de Juana Pacheco, pintora coetánea a Zayas, pero conocida como la esposa de Diego de Velázquez no se ha conservado ninguna obra, y posiblemente estas hayan sido atribuidas a los hombres de la familia. Sí ha trascendido su papel de “leal esposa amante y discreta, que proporcionó un hogar feliz y tuvo dos hijas”. Pienso y escribo este artículo en mi cuarto propio y Virginia Woolf me habla desde el sitial de la esquina: “¿Lo ves? Siempre hijas o esposas. Obras perdidas, atribuidas a otros o, peor aun, proyectos nunca realizados. Es la historia de Judith Shakespeare a lo largo de la historia”.

Doña Ana Caro de Mallén, dedicó estas décimas a Zayas, quien es referida en historias de la literatura española como alma cercana y amiga. Mallén también presenta vacíos biográficos y falta de documentación testimonial, sin embargo su escritura no ha sido (aún) puesta en duda.“Crezca la gloria española/ insigne doña María/ por ti sola, pues podría/ gloriarse España/ en ti sola /Nueva Safo, nueva Pola Argentaria (…)/ nuevo prodigio a los hombres/ nuevo asombro a las mujeres/ Tu entender esclarecido/ gran sibila mantuana (…)/ hará eternas tus memorias/ rindiéndole siempre fieles/ a tu elocuencia laureles/ a tu erudición victorias”.

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