La preocupación de Smith por los pobres (y sus críticas a los empresarios)

Para muchos, el “padre de la economía” es el gran propiciador de un “capitalismo salvaje” con el fin de favorecer a los más ricos y a los empresarios. Esto está lejos de la realidad. De hecho, uno de los aspectos que causa mayor sorpresa a quienes leen por primera vez "La riqueza de las naciones" es la crítica permanente que hace el autor a los terratenientes, empresarios y comerciantes.

Muchas personas suelen pensar que Adam Smith es un gran defensor de los empresarios. Al mismo tiempo, la creencia general es que no tiene ningún interés por la pobreza y los pobres. Se trata, sin embargo, de un error profundo, alimentado en que probablemente Smith es uno de los autores más comentados sin haber sido leído.

En el libro que hoy celebramos sus 250 años, La riqueza de las naciones, así como en su otro título, La teoría de los sentimientos morales, el autor manifiesta una gran preocupación por el destino de los más pobres, algo bastante inédito para la época. Smith no es el primer autor en reflexionar sobre la Economía (la reflexión existe desde Platón en adelante), pero probablemente sí es el primer autor en considerar que la Economía debe tener como objetivo el bienestar de las personas.

Para muchos, Smith es el gran propiciador de un “capitalismo salvaje” con el fin de favorecer a los más ricos y a los empresarios. Esto está lejos de la realidad. De hecho, uno de los aspectos que causa mayor sorpresa a quienes leen por primera vez La riqueza de las naciones es la crítica permanente que hace el autor a los terratenientes, empresarios y comerciantes (aunque esto ya está presente con fuerza en sus apuntes de clases Lecciones de jurisprudencia y en menor medida en La teoría de los sentimientos morales).

Smith guarda sus mayores críticas a los dueños de la tierra, a los terratenientes. Con ironía los trata de flojos, de superficiales y de vanidosos. La mala opinión que tiene Smith es tan grande, que lo hace incluso ser partidario de limitar el derecho de propiedad, cosa que le ha costado severas críticas de autores libertarios del siglo XX. Autores, como el economista Murray Rothbard, van más lejos y tratan a Adam Smith de “socialista”, precisamente por este tipo de reflexiones.

Smith, junto con criticar a los terratenientes, también reprocha a los comerciantes y empresarios en general. Si bien el ataque es menor, dado que ellos cumplen, a juicio de Smith, una función que es clave para el desarrollo de un país (a diferencia de los terratenientes), denuncia todas aquellas prácticas que van en contra del orden social.

El interés normal del comerciante se limita a dos aspectos fundamentales que son contrapuestos: ampliar el mercado y restringir la competencia. En la “ampliación del mercado” -que implica crear empresas, desarrollar innovaciones, etcétera- su interés coincide con el interés del público. Es gracias a los empresarios y comerciantes que hay trabajo, que hay productos, que hay desarrollo.

Sin embargo, la permanente búsqueda de limitar la competencia redunda siempre en un perjuicio social. Así, una de las críticas más categóricas de Smith en contra de los comerciantes en particular, es la permanente tendencia a concertarse en los precios. Siempre que se juntan dos empresarios, dice Smith, aunque sea en un evento social, rápidamente se ponen a conspirar en contra los consumidores o buscan ponerse de acuerdo para bajar los salarios.

También sorprende a quienes leen por primera vez a Smith que sea tan crítico del consumo desenfrenado. En ello está influenciado por su pertenencia a la religión calvinista pero también en su experiencia personal, ya que le producían bastante rechazo los “nuevos ricos” de la época que ostentaban su riqueza.

No obstante, Smith siente que la búsqueda de la riqueza es algo propio de la mayor parte de las personas y es una especie de motor de la economía (genera el incentivo a trabajar), por lo que las otras clases tendrían el mismo comportamiento ostentoso si tuvieran la oportunidad. Así, en lo que aparece como una cierta contradicción, el lujo de los ricos es también para Smith “el espejismo” que hace a la mayor parte de la gente trabajar, con el objeto de alcanzar al menos parte de aquellas cosas inalcanzables. En realidad, Smith no logra resolver del todo esa aproximación frente a la riqueza: por una parte, es necesaria para que la gente trabaje, pero entiende que ahí no está la felicidad.

¿Qué necesita una sociedad para desarrollarse? Libertad. Libertad, fundamentalmente para que la competencia pueda actuar. Así, la “mano invisible” se transforma en el tema central que inspira La riqueza de las naciones.

Cuando hay competencia existe un beneficio directo para los trabajadores que consiguen mejores salarios. Es decir, la mejor condición para el obrero es la de un país en progreso económico, ya que en los años de expansión comercial los salarios son altos y en los de carestía, bajos.

Al comienzo de La riqueza de las naciones -y en lo que es uno de los pasajes más conocidos de esta obra- el autor señala que el pan no lo comemos debido a la benevolencia del panadero o el carnicero, sino que a su propio interés. Aquí es donde Smith percibe que, bajo ciertas condiciones, los intereses privados se armonizan con los intereses sociales. Persiguiendo sólo su propio bien, los hombres son llevados por una “mano invisible” hacia la promoción de fines sociales. La “mano invisible” del mercado asegura, de esta forma, un resultado social independiente de la voluntad y de las intenciones individuales. Esto hace que el ser humano no aparezca como una máquina posible de ser manipulada en forma calculada y centralizada. Y en todo ello comerciantes y empresarios juegan un rol central.

Pero en términos generales, es la libertad de comercio la que constituye el único remedio de precaver eficazmente el hambre de las personas. Por esa razón, critica severamente todas las excesivas regulaciones mercantilistas (muy presentes en la época) como la rigidez existente para emplearse en el ramo de actividad económica que cada uno desea, los privilegios exclusivos de productores, gremios y corporaciones, todos los cuales terminan siendo perjudiciales para los trabajadores. Los perjudicados siempre serán los mismos: los más pobres.

Vale la pena leer, al menos, algunos pasajes escogidos de La Riqueza de las Naciones. Es la mejor forma de apreciar la profundidad y sofisticación de un autor incomprendido por algunos, caricaturizado por otros y desconocido para la mayoría.

Compartir
Hashtag

Relacionadas